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4 marzo, 2020

Esa bendita fijación con las infecciones y el fin del mundo

Hay algo de encantador en estos asuntos de las infecciones y del fin del mundo. Se estará preguntando si soy un estúpido por decir tal barbaridad, pues vaya a su explorador y googlee Resident Evil. Le saldrá información de una serie de películas de zombies que ha sido extendida hasta niveles cuya obscenidad solo es comparable a los de Viernes 13, además de
encarnar uno de los videojuegos más esperados del momento, uno que incluso ayudó a redefinir su tiempo.

Y no dudo que mientras ocupaba inteligentemente su tiempo en
Facebook, se habrá topado con una fotografía que muestra el empaque de una película pirata que, supuestamente, trata sobre la infección del malévolo coronavirus. ! Es inevitable, disfrutamos consumir productos audiovisuales que nos muestren una situación que amenace la vida de la humanidad como la conocemos, y qué mejor que una infección y/o enfermedad insuperable.

El cine de zombies abrazó desde hace mucho la idea
de una infección que es transmitida via una mordida, o también por algunas gotas de sangre que alcancen nuestros ojos o boca, abandonando el origen que indica que son producto de una suerte de hechizo lanzado por nigromantes. Este género ha sido abordado por cine de
todos los países y con toda variación imaginable (interesante sería revisar cuáles lo han ignorado y por qué).


! Otra variación ha sido el de las mutaciones producto del irresponsable desecho de productos químicos u otras condiciones igualmente deformadoras. Mimic nos planteó un escenario en el cual, esas bestias incluso han comenzado a imitar actitudes humanas para
ser mejores cazadores; Bong Joon-ho hizo lo suyo con The host, y aquella bestia secuestradora que el gobierno intenta encubrir; los japoneses aportaron al mundo su miedo a la radioactividad con el inolvidable Godzilla.

EEUU ha barajado esta posibilidad (y ha hecho
remakes, ya saben, por el amor al arte. $í que $í), y ha lanzado diversos ensayos, cosas como The Mist, basada en un libro de Stephen King, en el cual una niebla desciende sobre un pueblo, cobijándolo con una serie de criaturas mortíferas y muy difíciles de enfrentar. Y
cómo olvidar la horrible 2012, en la que el mundo colapsa y manda al carajo todas las ciudades bajo terremotos nunca antes vistos. Obviamente los gringos serían los ganones y salvadores en este bodrio que ni a ellos les gustó.
! Son tiempos extraños, la promesa de la medicina por seguir sorteando males que antiguamente eran una sentencia de muerte, no logran ser cumplidas como muchos esperan. El cáncer encarna una de las amenazas que sigue en la delantera en esta carrera por alcanzar la prolongación de la vida del ser humano, y a él constantemente se le están sumando contendientes que podrían segar nuestras vidas con mayor prontitud.

Lo problemático es que no han surgido suficientes películas que aborden con la misma pasión a la obesidad, el alcoholismo o el tabaquismo.
! Quizá, el gran encanto que encierran las películas que nos hablan de infecciones o de cataclismos es que nos permiten ver el modo en el que la humanidad de alguno u otro modo se las arreglará para salir adelante, a pesar de la gravedad de la desgracia que se esté encarando, y por qué no, darnos la oportunidad de preguntarnos qué haríamos nosotros en
caso de encontrarnos en tales desgracias. Quizá uno de los casos más representativos de esto en la televisión, ha sido The Walking Dead, serie en la cual, el único sostén de la humanidad son los asentamientos humanos que la mayoría de las veces, resultan males aún más crueles que los propios zombies. Lástima que el guión terminó por ser una calca de las cosas que habían funcionado, hasta dejar un programa del cual ya poca gente anda preocupada.
! A todos nos gusta consumir historias que nos muestren escenarios del todo ajenos a nosotros, incluído el de un posible colapso del mundo a manos de un mal que se escape del control de la humanidad. El coronavirus se ha dicho, no es en realidad tan mortífero como se
piensa.

En realidad hay mucha gente recuperándose de tal enfermedad, y en México se han mantenido a raya, sin generarse un descontrol en las infecciones. El gran problema es que e miedo va ganando, y la gente se ha puesto a consumir desmesuradamente cubrebocas y productos desinfectantes, sin pensar en realidad que ya con nosotros, hay problemas mucho más mortíferos actuando, y para eso, ya muchos perdieron el interés en cómo le harán para salir avantes cuando, desafortunadamente, nos toque.

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