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11 mayo, 2020

Hello friend, Hello Elliot

Instrucciones para ver una película

Abres los ojos, volteas a mirar a tu alrededor, notas que la luz del sol se cuela tímidamente a través de las ventanas ha comenzado un nuevo día. Extiendes tu mano y presionas el botón que enciende la pantalla de tu teléfono, eliges revisar algunas notificaciones mientras ignoras otras.

¿Qué es lo que ves? un correo del trabajo, una reunión que para tu infortunio, devorará preciosas horas de tu vida, horas con las que contabas para hacer alguna cosa que te llenaría de un poco de vida tras terminar tu jornada laboral. Ya no te sientes dueño de tu vida porque ya se llevaron algo que te pertenece. Aunque, ¿en verdad has sido dueño de algo?

El dispositivo con el que estás leyendo esta columna posee toda tu información, y la envía periódicamente a gente con la que jamás cruzarás tu mirada, pero que con gusto generará enormes cantidades de dinero con algo que tú entregas con desconocida alegría.


¿Qué se necesita para recuperar un poco de nosotros en una época digital? ¿Alguna vez has hecho una solicitud a Facebook o a Twtitter para que te envíen una copia de la información que poseen de ti? Hazlo, te darás cuenta que les perteneces, que saben todo, incluidas cosas que a estas alturas, ya habrás olvidado. Se han adueñado de nosotros servicios que superficialmente son gratuitos, la moneda de cambio es nuestra información, y nosotros realmente no recibimos nada de esos beneficios. Asfixiante ¿no?


Sam Esmail se ha hecho cuestionamientos similares, además de tener
frecuentemente problemas con la depresión, con no sentirse parte de este mundo inmisericorde. Pero de entre todo ello que le ha ayudado a sobrellevar las cosas, está su gusto por la cultura hacker. La serie Mr. Robot nace entonces como una amalgama de las cosas que preocupan a Esmail, llevándonos de la mano con el personaje de Elliot, un joven con serios problemas emocionales, lo que lo ha orillado a tener débiles y muy pocos vínculos con las personas que lo rodean, por lo que utiliza sus habilidades para hackear a las personas para permitirse conocerlas a fondo, y de ser posible, solucionar los problemas que le surgen al paso.

La serie llega en un momento en el que la integración de las redes sociales y de plataformas de compras electrónicas como Amazon, transformen el modo en el que trasncurren nuestras vidas. ¿Qué es el dinero? ¿Qué hay detrás de cada inocente producto que podemos comprar cómodamente, sin preocuparnos de su procedencia, de cuánta sangre fue regada para que nos llegue impoluto, sin mancha? ¿Qué o quiénes están detrás de todo, amasando fortunas inimaginables al tiempo que millones de personas mueren de hambre, o detonados por fuego de metralla o asesinados en un solitario callejón? Y ante todo, ¿existe algún modo de cambiar las cosas?

Mr. Robot ha llegado a su desenlace tras 4 temporadas, en las que hemos visto la cruzada de Elliot Alderson por enfrentarse a un mundo que tiene sometido a la totalidad de la humanidad bajo un yugo de control electrónico y económico, pero también de un inmenso vacío emocional, que permite mirar la depredación de la vida como parte del proceso natural
de las cosas, cuando eso es lo que en realidad ha dejado a la humanidad descarnada, caminando con las cuencas de los ojos vacías.

La vida digital ha sido algo que abrazamos con singular alegría ante la promesa de una vida resuelta. Abrir Instagram nos permite mirar escenarios que jamás pisaremos, mujeres a las que nunca les hablaremos; Facebook nos lanza la promesa de las amistades infinitas, ya nadie es un rostro vacío, ahora todas esas conexiones están al alcance del botón
para mandar una solicitud; Twitter nos vende la idea de que tenemos una voz igualmente válida ante los millones de usuarios, entre ellos políticos y celebridades.


¿Qué cosa hay de auténtica en estar resguardados tras una pantalla en mitad de la penumbra de un cuarto vacío? La realidad está más allá de nuestros dispositivos, está con cada persona que nos acompaña hombro con hombro, tras cada puñetazo, tras cada mirada que hurga en la nuestra en búsqueda de ayuda, en los billetes y monedas que abandonan
nuestros dedos. Mr. Robot se ha dado el espacio de hacernos mirar nuestra soledad y aislamiento, y contrastarlo con la inasible emoción de abrazar a un ser querido por última vez, de mirar a un desconocido con un profundo miedo; más allá de las pantallas, está lvida, que consta de riesgos y no de likes o de shares o de reposts.

Las cosas son mucho más complicadas de lo que la calle nos puede sugerir. Hay un gran orden de las cosas, países imperialistas y países sometidos, gente gastando en un día lo que familias enteras requieren a lo largo de un mes para subsistir, gente dando su último respiro mientras no hay nadie cerca para atestiguarlos, amores durando lo mismo que una vena cortada con una hoja de afeitar, contraseñas en las que descansan nuestros más profundos anhelos, el sueño de un mundo en el cual las cosas no tengan que moverse necesariamente con dinero.


–SPOILERS DE LA CUARTA TEMPORADA–

La serie ha coronado todo el enredijo sobre la complejidad del problema de disociación de Elliot, ahora sabemos que nuestro protagonista no ha sido mas que una personalidad más dentro de todo este embrollo, y que eso lo ha sabido desde siempre Mr. Robot. La clásica cruzada del héroe que muere al final para lograr consagrarse a su cruzada, es modificada lo
suficiente para sentirse fresca y novedosa: Elliot, conocido también como Mastermind, tiene que ir de regreso a donde la familia imaginaria pertenece, a lo profundo de la mente de Elliot, quien los creó con la intención de contar con un apoyo emocional ante las inclemencias de
mundo que lo terminó rebasando. Elliot Mastermind nació entonces como el deseo de arreglar todo aquello que estaba mal en el mundo, sin importar si será necesario rectificar el todo con la profunda fuerza del enojo, y lo logra, y una vez cometida tal meta, es hora de volver a donde vino, pues el futuro ahora será un lugar un poco más parejo, más cálido, ya hay menos motivos para tenerle miedo.


El Elliot que hemos acompañado en toda esta travesía, es alguien que se notó tan insertado en el mundo, que terminó creyendo que él era el auténtico, el único. No importó qué tanto luchó por afirmar que odiaba a la gente, a la sociedad, y lo mucho que su preocupación por la vengaza e igualdad viviera sumido en una contradicción enorme, no
importó porque en escencia él era un arranque de impotencia.

Pero no todo se detuvo ahí, este Elliot lleno de rabia evolucionó, terminó por comprender que no hay nada que llene más la vida que la gente misma a la que él aseguraba odiar. Entonces no estaba tan solo como
pensaba, ni mucho menos albergaba tanta furia como blandía, pero su tiempo ya había llegado a su fin, ya era momento de sentarse en la oscuridad de una sala y contemplar el trayecto, porque eso ha sido lo maravilloso de vivir, porque nada de eso fue una ilusión que
sucedió en su cabeza; fue cruel, doloroso, desesperante, pero fue la vida misma.


! Hello friendo / Hello Elliot. Gracias por tanto.

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