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15 febrero, 2020

Periodismo oportunista que atenta contra la moral de las víctimas

Tras el feminicidio de la joven Ingrid Escamilla, se ha ampliado el debate con respecto al modo en que algunos medios de comunicación ‘informan’ este tipo de acontecimientos; sin embargo, es necesario cuestionarnos qué hay detrás de este periodismo de nota roja; darnos cuenta que entramos en el juego de los medios que están en constante competencia dentro del sector/mercado periodístico para ‘jalar seguidores’. 

La nota roja es un género periodístico, que cobró popularidad sobre todo por la descripción gráfica de actos sangrientos, violencia física, asesinatos, accidente e incluso, desastres naturales. En éste tipo de periodismo, se emplea también la ‘creatividad’ para plasmar un título sensacionalista a la nota, de tal modo que aparece en la primera plana.

De acuerdo con algunas fuentes, la nota roja se remonta, no con ese nombre, a los tiempos de la Inquisición en el imperio Español, cuando se empleaba una estampa roja para el castigo o ejecución de personas. Posteriormente, en el siglo XIX, ya con una industria periodística desarrollada, el término ‘nota roja’ ya se adecuaba para referirse a noticias relacionadas con crímenes sangrientos, enfocadas en el morbo y el sensacionalismo.

Ahora, ya con algo de contexto, podemos dar cuenta de por qué este tipo de noticias se plasman en portadas y páginas completas, incluso, reemplazando las ilustraciones con imágenes fotográficas, dominando más que el propio texto, que a su vez, hace uso de palabras y frases violentas.

Siendo lo anterior ‘insuficiente’, la prensa sensacionalista cobra protagonismo en otros medios de comunicación como espectaculares en las calles, televisión, la radio y el cine, y las redes sociales, evidenciando la normalización de la violencia en nuestra sociedad; una sociedad amenazada por el crimen organizado, la corrupción, el machismo, racismo, clasismo, y la falta de un juicio crítico. 

No podremos negar que en diversas ocasiones, al ‘apreciar’ este tipo de notas sangrientas, nos ponemos a ‘debatir’ con nosotros mismos, a sacar nuestras propias conclusiones y dar juicios de valor, a comparar y a generar supuestos del por qué la víctima pudo haber llegado hasta esa situación; tal como en este momento ocurre con la ola de feminicidios que, por supuesto, sólo conocemos en caso de haber pasado por una nota roja con descripción gráfica del acto.

Asimismo, este periodismo sensacionalista, que apela a nuestra falta de juicio crítico, nos ha convertido en jueces, sintiéndonos unos iluminados frente a una ‘realidad’ que va más allá de los cuerpos violentados, ultrajados; cuerpos que, tras su permanencia efímera en los medios, se echan al olvido. 

Regreso al punto de partida, donde no sólo es el asesinato de Ingrid Escamilla; es la memoria de las 10 mujeres asesinadas al día,  que a diario nos recuerda que vivimos en una sociedad racista, clasista, machista y misógina; donde el asesinato de nuestras mujeres ‘tiene que ser justificada’, porque “esas cosas pasan”, porque “¿qué no ves las noticias?, ¿entonces para qué sales vestida así?, ¿entonces para qué lo provocas?”.

¿Entonces dónde ha quedado el profesionalismo periodístico, aquél con el que se transmite una realidad y se exige justicia? Esos medios que han salido a pedir disculpas… ¿qué acciones van a tomar o qué métodos usarán para realmente informar a la ciudadanía, sin hacer alusión a la normalización de la violencia?

Jess Escamilla

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